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Caballerosidad y feminismo

Caballerosidad y feminismo

Cuando un hombre te abre la puerta del coche para que salgas, te deja pasar al entrar a un edifico, mientras sujeta la puerta o te ayuda a cargar el peso de las bolsas, puedes pensar dos cosas: que es un caballero o que es un machista.

Dependiendo de la mujer con quien hables, puede que te diga que la caballerosidad está pasada de moda y pertenece a otra época, en donde las mujeres eran débiles y necesitaban a un hombre en su vida como si de un palo sustentor se tratara. Te dirá que los caballeros son machistas elegantes y con etiqueta, educados en rancias costumbres de otro siglo. Es posible que te diga que ser un caballero con una mujer, no es más que una forma de humillarla o hacerle sentir inferior o incluso que lo hace con segundas intenciones.

Por el contrario, otras mujeres prefieren pensar que un hombre tiene que ser galante y estar pendiente de las necesidades de las mujeres, apoyarlas en su debilidad y no permitir que sufran daños físico o psicológicos. Algunas mujeres creen solemnemente en la servidumbre que un caballero le debe a una mujer.

Feminista ante todo

Cuando un hombre es caballeroso o galante contigo, ¿qué piensas? ¿acudes a los estereotipos? ¿sonríes agradecida, o por el contrario le recriminas con la mirada?

En reuniones de cierta índole, los caballeros muestran su etiqueta para con las señoras, prestando toda al sector femenino de forma prioritaria: colocar la silla, servir primero a las señoras o levantarse cuando una mujer llega o abandona la mesa. Éste tipo de comportamiento, no es indicaivo de la vulnerabilidad de una mujer o de la supremacía del hombre.
Aunque puedas pensar que es una costumbre que pertenece a otro siglo, la verdad es, que ser feminista y permitir que un hombre te abra la puerta del coche, o te ayude con la silla, no están reñidos.

Cuando hablamos de la autosuficiencia de la mujer, dejamos claro que tenemos las mismas capacidades que un hombre para vivir nuestra vida con nuestros propios recursos, por lo que cuando un hombre se ofrece a ayudarnos con las bolsas o nos cede el paso ante una puerta, nuestra bombillita de atención se enciende.

Caballero

Los caballeros de hoy

Hace dos siglos, ser caballero era una distinción obligatoria que cumplían incluso los hombres de más baja posición, porque en muchas ocasiones si no se cumplía con el protocolo caballeresco, podría incurrir en una falta grave por agravio a una dama o porque daba a entender que no le respetaba y pretendía asuntos oscuros hacia ella.

Con el tiempo, la caballerosidad ha sido relegada a círculos como la realeza o cierta clase social, pasando inadvertida en la actualidad en las clases medias. A fuerza de esterotiparla o de utilizarla mal (la caballerosidad), las mujeres hemos dejado de ver el fino velo que separa a un caballero de un pesado con doble intención. Ahora es común que asociemos la caballerosidad con:  “éste algo quiere“.

Como en cualquier reunión social que implique relación con otras personas, lo más importante no son los caros trajes de diseño o las exclusivas joyas en los cuellos, la verdadera protagonista es la educación, la buena educación, que no tiene nada que ver con “el qué dirán” que tanto confunden algunos.
Cuando una mujer es educada, sencillamente decimos que tiene buenos modales y que sabe comportarse en sociedad (porque utilizar el término dama es demasiado pomposo), pero cuando un hombre se comporta educadamente y con cierta distinción especialmente hacia la mujer, es cuando decimos que es un caballero.

Ahora bien, llegas cargada de bolsas de la compra al portal de tu casa y un hombre se te acerca, ¿sentirías que te maltrata como mujer o te hace sentir inferior al abrirte la puerta, o incluso si se ofrecerse a llevar las bolsas? Supongo que dependiendo de la persona, del humor y de las experiencias pasadas, o de la necesidad de soltar cuanto esas pesadas bolsas, se puede reaccionar de una forma u otra.

Es posible, que lo que protocolariamente se considera como un caballero, no sea más que una persona educada, con gran empatía hacia el resto de personas que no duda en ayudar a quien se encuentra en apuros. Entonces, ¿porqué nos incomoda que un extraño nos sujete una puerta? ¿Tan tatuado nos ha quedado el miedo a ser atacados que hemos desecho por completo ésta opción?

El caballero en tu vida diaria

Todo ésto que te digo, está un poco enfocado con la vida pública y el encuentro que puedas tener con un desconocido, porque supongo que lo verás distinto si dirigimos la situación a un caso más privado. Cuando no estás acostumbrada a ciertos tratos de un caballero, puede resultar bastante incómodo al principio pero después, es posible que te quedes esperando ante una puerta a que tu pareja o amigo la abra. ¿Crees que no es posible?.

Unidos

Ser un caballero es un acto de gentileza, cordialidad o urbanidad, como quieras llamarlo y nunca has de sentir que un hombre trata de humillarte por cederte el asiento, cederte el paso, abrite o sujetarte una puerta o que te invite a una cena. Todos sabemos a éstas alturas, que las mujeres no somos objetos y que somos autosuficientes como para poder abrir nuestra propia puerta del coche, nadie tiene dudas al respecto y es bueno que sepan que lo que pensamos.

Es sencillo que pienses que te ha costado mucho llegar a donde estás, que la mujer tiene que ganarse el respeto y la igualdad a golpe de lucha y reivindicación, que no vas a dejar que nadie te haga sentir inferior o inútil abriendo tu puerta o tapándote con el paraguas. Eres fuerte, autosuficiente y no necesitas que un hombre, aunque sea conocido, venga a rescatarte como a una princesita de Disney.

Lo importante es que si un hombre determina que desea ser un caballero ante las mujeres y siente la necesidad de abir una puerta, no siempre tenemos que sentirnos ofendidas y lanzar sobre ellos toda nuestra bilis. Existen los caballeros, existen las mujeres a quienes les encanta ser tratadas por caballeros y existen mujeres que detestan éste trato por sentirse ofendida o maltratada por un hombre, pero también existen los caballeros feministas que tan solo quieren agradar y/o ayudar sin esperar nada a cambio.

Estás en tu derecho a dictaminar si aceptas o no el trato de un caballero y por supuesto, será una decisión acertada. Lo imporante es que sepas que actualmente ser un caballero no determina que un hombre sea machista, al igual que si una mujer se deja ayudar por un caballero, no implica que pierda sus derechos feministas.

Aprendre a distinguir a un caballero de un embaucador y sobre todo respetar las decisiones de los demás (por ambas partes), es un buen comienzo para que el feminismo y la caballerosidad puedan vivir juntos.